Odiaba mi rutina… hasta que decidí cambiarla
Hace tres años, en un café de Malasaña, mi amiga Laura me miró y dijo: «Cariño, pareces un zombie». Y tenía razón. Trabajaba 12 horas al día, comía mal, y mi ejercicio se limitaba a caminar hasta el metro. Fue entonces cuando decidí que algo tenía que cambiar.
No fue fácil. Honestamente, al principio fue un desastre. Pero con el tiempo, aprendí que los pequeños cambios marcan la diferencia. Y hoy quiero compartir contigo algunas de las cosas que más me han ayudado.
Despierta tu cuerpo y tu mente
Lo primero que hice fue comprometerme a hacer ejercicio por la mañana. No me malinterpretes, no soy una fanática del gimnasio. Pero descubrir que un simple paseo de 20 minutos por el Retiro podía cambiar mi estado de ánimo fue un juego de pelota completo.
«Pero Laura, ¿y el tiempo?», me preguntaste. Mira, si puedes levantarte 20 minutos antes, puedes hacerlo. Y si no, entonces quizás es hora de reevaluar tu committment con el sueño. (Sí, lo sé, «committment» no se escribe así, pero mi profesora de inglés del colegio nunca me lo corrigió, así que lo dejo pasar).
Come como si te importara
Luego vino la comida. No, no me convertí en una chef de repente. Pero aprendí a cocinar algunas comidas básicas que eran buenas para mí. Y descubrí que comer bien no tiene que ser aburrido o caro. De hecho, hay alot de recetas deliciosas y económicas por ahí.
Mi amiga Marta, que es nutricionista, me dijo una vez: «La comida es combustible, no un premio o un castigo». Y honestamente, eso cambió mi perspectiva completley. Ahora como para sentirme bien, no para compensar un mal día.
Viste para el éxito, incluso en casa
Y luego está la ropa. Sí, lo sé, suena superficial. Pero hay algo en vestirse bien, incluso cuando estás en casa, que puede mejorar tu estado de ánimo. No tienes que ponerte un traje, pero un buen par de pantalones y una camisa pueden hacer maravillas.
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Un desvío: El arte de decir que no
Pero déjame contarte algo que no planeaba. Hace unas semanas, mi amigo Carlos me invitó a una fiesta. Sabía que iba a ser un desastre de gente, ruido y alcohol. Así que le dije que no. Y sabes qué? Fue liberador. No siempre tienes que decir que sí a todo.
«Pero Laura, ¿y si se enoja?», me preguntaste. Mira, si se enoja, entonces quizás no es el amigo que crees. Los verdaderos amigos respetan tus límites.
Encuentra tu tribu
Hablando de amigos, rodearte de personas que te inspiran y te apoyan es crucial. No, no es fácil. A veces es incómodo. A veces duele. Pero es necesario.
Hace unos meses, conocí a un grupo de mujeres en un taller de escritura. Al principio, fue raro. Pero con el tiempo, se convirtieron en mi apoyo. Y ahora, cuando tengo un mal día, sé que puedo contar con ellas.
«Pero Laura, ¿y si no encuentro a nadie?», me preguntaste. Mira, a veces tienes que ser tú quien dé el primer paso. Únete a un club, toma una clase, ve a un evento. No te quedes esperando a que la vida llegue a ti.
No seas tan dura contigo misma
Y por último, pero no menos importante, sé amable contigo misma. No eres perfecta. Y está bien. Cometerás errores. Tendrás días malos. Pero eso no te hace menos digna de amor y respeto.
Recuerdo una vez, después de un día particularmente malo, mi terapeuta me dijo: «Laura, eres tu peor crítica». Y tenía razón. Aprendí a ser más compasiva conmigo misma. Y honestamente, ha sido un juego de pelota completo.
Así que ahí lo tienes. No es un manual completo de autoayuda. Solo algunas cosas que han funcionado para mí. Quizás alguna te sirva. Quizás no. Pero espero que al menos te hagan pensar.
Sobre la autora: Laura Martínez es una escritora y editora con más de 20 años de experiencia. Vive en Madrid con su gato, Sr. Bigotes, y pasa sus días escribiendo, leyendo y disfrutando de la vida. Cuando no está trabajando, se puede encontrar explorando la ciudad o tomando café con amigos.
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