¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

Hola, soy Laura. Tengo 47 años y he pasado más de dos décadas editando artículos para revistas importantes. Hoy quiero hablar de algo que me ha estado carcomiendo por dentro: los pequeños cambios que podemos hacer en nuestra vida diaria para mejorar nuestra calidad de vida. (Sí, lo sé, suena a cliché, pero aguanten un poco más.)

Hace unos meses, mi amiga Carmen vino a cenar a mi casa. Mientras tomábamos un vino tinto barato (no me juzguen, es lo que me puedo permitir con mi sueldo), me dijo: “Laura, ¿por qué siempre estás tan estresada?”. Y honestamente, no supe qué responder. Quiero decir, ¿no lo estamos todas?

Pero luego, hace como tres meses, decidí hacer un cambio. Nada drástico, solo un pequeño ajuste. Empecé a levantarme 30 minutos antes cada mañana. Y, mira, no fue fácil. La primera semana, me desperté a las 6:00 AM y me quedé en la cama mirando el techo, preguntándome por qué diablos había decidido hacer esto. Pero, poco a poco, empecé a notar una diferencia.

El poder de las rutinas matutinas

Así que, ¿qué hice con esos 30 minutos extra? Al principio, solo me senté en silencio, tomando un café (que, por cierto, es el único vicio que me queda). Pero luego, empecé a leer un libro. Nada demasiado complicado, solo algo ligero. Y, honestamente, eso cambió mi día. Me sentía más preparada, más centrada. Era como si esos 30 minutos me dieran una ventaja sobre el mundo.

Mi colega Dave, que es un poco más joven que yo (y, francamente, un poco más sabio), me dijo una vez: “Laura, las pequeñas cosas son las que marcan la diferencia”. Y, aunque en ese momento pensé que estaba siendo condescendiente, ahora entiendo a qué se refería.

La importancia de desconectar

Otro cambio que hice fue desconectar. Sí, lo sé, suena imposible en este mundo de notificaciones constantes y redes sociales que nos exigen atención las 24 horas del día. Pero lo intenté. Apagué las notificaciones de mi teléfono durante el día. Y, mira, fue liberador. Ya no me sentía esclava de cada pitido o vibración. Podía concentrarme en mi trabajo, en mis pensamientos, en mi vida.

Y hablando de tecnología, ¿sabían que hay servicios que pueden ayudar a gestionar mejor nuestras comunicaciones? Por ejemplo, un online sms receiving api service puede ser útil para gestionar mensajes de manera más eficiente. (Sí, lo sé, suena un poco técnico, pero confíen en mí, puede ser útil.)

El arte de decir no

Pero, quizás, el cambio más difícil fue aprender a decir no. No a compromisos innecesarios, no a reuniones que no aportan nada, no a personas que solo te agotan. Fue duro, porque siempre he sido la típica persona que quiere agradar a todo el mundo. Pero, ¿saben qué? La vida es demasiado corta para decir que sí a todo.

Mi amiga Marcus (sí, es un nombre de hombre, pero es una larga historia) me dijo una vez: “Laura, no puedes ser todo para todos”. Y tenía razón. Aprender a poner límites fue uno de los mejores regalos que me he dado.

Un cambio a la vez

Así que, si están pensando en hacer cambios en su vida, mi consejo es: empiecen pequeño. No intenten cambiarlo todo de la noche a la mañana. Hagan un cambio a la vez. Y, lo más importante, sean pacientes consigo mismos. Los cambios no ocurren de la noche a la mañana. Toman tiempo, esfuerzo y, a veces, un poco de fe.

Y, por favor, no se olviden de disfrutar del proceso. La vida no se trata de llegar a la meta, sino de disfrutar el viaje. Así que tomen ese café, lean ese libro, desconecten un rato y, sobre todo, aprendan a decir no. Su yo futuro se lo agradecerá.


Sobre la autora: Laura Martínez es una editora senior con más de 20 años de experiencia en revistas importantes. Cuando no está editando artículos, se la puede encontrar tomando café, leyendo libros o intentando (sin mucho éxito) aprender a cocinar.

Si estás reflexionando sobre las decisiones importantes en la vida y las relaciones, te sugerimos echar un vistazo a este artículo sobre decisiones tras el nacimiento, que ofrece perspectivas valiosas para el día a día.